Se suicidó Virginia. No hay una manera delicada de contarlo ¿Cómo animarse a decirlo sin cortajear el aire alrededor?¿Cómo ponerlo en palabras sin evocar la nube negra?¿Cómo ponerlo en silencios sin sentir sobre la espalda el peso de cada ausencia? Así lo escribí hace mucho:
sobre la espalda
el peso logarítmico de cada muerto
el lastre acumulativo de cada ( )
con sus fantasmas
blancos, de interés compuesto
con sus fantasmas
blancos de propaganda de jabón
Gusto a jabón pudriéndose en los vertederos, es lo que siento hoy en la boca. Otra vez me siento así:
si
cerrara
esta enciclopedia del ultraje
me transportara
al parque la plaza
a las risas infantiles
rebobinara un cachito
o casi todo
reseteara
fuera todo lo que envidio
tuviera todo lo que siento en falta
fuera
sin ser espejo ni reflejo ni fantasma ni bandera
sin los muertos que me habitan
sin los ojos que llevo tatuados
fuera la que no esperan
no la que hanme modelado a su medida
¿y entonces?
(a flor de piel tetánicas, centrífugas heridas)
No la conocí, pero nos hermana la historia que compartimos. Qué abrumada se habrá sentido. Pienso en su abuela, pobrecita vieja, qué haremos con ella? Pienso que esa mujer es responsabilidad de todos nosotros, pienso que un abismo de dolor la recorta y la separa de estos corazones que queremos abrazarla. Pero llego y el olor a flores del velorio me remite a tareas infantiles del día de la primavera. Y ahí está Delia, hospitalaria, jovial, sosteniendo y conteniendo a quienes la saludan. Diciendo que nos tiene a nosotros. Pensando en Martín, el nieto al que busca. Siguiendo.
Y en medio de tanta amargura, una no puede dejar de pensar en aquellos que nos dicen que nos dejemos de joder, que vivimos en el odio y el resentimiento; que ‘lo que pasó’ —no dicen ‘lo que hicieron’, dicen ‘lo que pasó’ como si fuera una desgracia huérfana de autores—, pasó hace mucho. ¡Una mierda pasó! Son las mismas personas que se apuran a comprar pistolas para proteger de ‘los negros’ sus (magras o cuantiosas) posesiones. Yo les digo, señores, no se puede vivir en el dolor, en la soledad en que nos deja la injusticia, en el no-lugar en que nos pone el silencio. No se puede.
Esos periodistas que hablan de reconciliación, se olvidan de que hablan de personas. Personas que quedaron en el camino, sobrevivientes, víctimas que estamos acá. Que seguimos transitando pasillos, golpeando puertas, teniendo que explicar una y otra vez cómo fueron las cosas. Explicando —¡¿de verdad es necesario explicarlo?!— por qué no queremos cruzarnos con los asesinos de nuestras familias en el súper.
Otra vez nosotros otra vez nosotros otra vez.
Personas que nunca supimos qué es eso de la seguridad porque nunca pudimos sentirnos seguros y contenidos.
Pasé la noche soñando con “deshacer” (como en la compu) esta tragedia. Retroceder unos días en el tiempo, buscar a Virginia, abrazarla, decirle que Martín —su hermano apropiado— anda por ahí y que vamos a encontrarlo a tiempo para que los abuelos lo conozcan. Pero ¡la puta madre! No se puede deshacer. Virginia es ahora un agujero. Habrá que pensarla viva y alegre cuando logremos des-apretar los dientes, pero seguirá siendo un agujero.
“Me suena a poco despedir a Virginia con la promesa de seguir buscando a Martín. Porque mientras buscábamos a Martín, se nos perdió Virginia —dice Mariana Eva Pérez en el diario de Saladillo—. Ya no habrá justicia, nunca, aunque Martín se encuentre. Cabe preguntar quién estaba desaparecido, quién desaparece cuando el Estado secuestra, tortura y mata en la clandestinidad. Que me digan ahora que los hijos son la segunda generación de afectados o que son portadores de una ‘post-memoria’, categorías extrapoladas del Holocausto que sólo sirven para evitar pensar en el alcance directo del accionar genocida sobre los hijos”.
El daño que nos hicieron no sólo es irreparable, también es inconmensurable y hoy queda expuesto con la muerte de Virginia. Perdura en nosotros y en nuestros hijos. Perdurará como daño histórico, como daño colectivo. Cada asesino, torturador, cada cómplice civil; cada culpable libre es una afrenta para todos. Y cuando digo todos, digo todos. “Su muerte es también un crimen imputable a los genocidas", dijo E.Luis Duhalde, el secretario de Derechos Humanos. Sólo la justicia podrá exorcizar tanto desamparo y dejará que empecemos a cicatrizar. Justicia para Virginia, para Martín, para todos nosotros. No podemos permitir que otra hermana se nos muera de tristeza. Nunca Menos, pero otra vez Nunca Más. La salud de nuestra sociedad depende de eso.
Abrazo a su familia.
esta noche que nos ha tocado
I
la lluvia
borroneó la tiza
y dónde estaban
tierra y cielo
se me perdieron otra vez
las cosas:
ahí
se sentaba un hombre
que me sonreía
solía haber una viejita que
plantaba mojones
tatuados
con la rosa de los vientos
falta una nena
que me tiraba de la manga
ese
desconocido que está allá
era mi hermano
chillan
se me encabritan los muertos
bajo el río
presiento el campo retorcido
y lleno de acechanzas
tendré que hundir
el cuello en la campera
y abrir bien los ojos
subo el cierre hasta la nariz
meto las manos en los bolsillos
y encaro
volvió a mover
las piezas
el que dispone
mi tablero
II
materialista y occidental
concreta
una veleta
chirriante en la tapera
anuncia fija
siempre la sudestada
a las cuatro y media
del día que se inicia
y hay
que ponerle
el pecho al aguacero
no queda resto
para buscar otras orillas
no hay
más eternidad que en las gametas
ni más vuelta que la primera
ley de la termodinámica
intuyo
los cuerpos que van
emergiendo
a la superficie
los que asoman a los
espejos de los charcos
intuyo las algas
enredadas
en los dedos que me rozan
los tobillos
forma degradada de energía
el calor se disipa
vos sabés para qué
sirven los fosforitos
protegidos
por la palma de una mano:
convierten en metano a la luz mala
agujerean la bruma
preludio del amanecer
que después del chubasco
levita los campos enfangados
chapoteo y veo
que es tarde: amanece gris
el agua ya
me enfrió las zapatillas,
como quien se olvidó de
destender la ropa
corro
a atizar esos otros
fueguitos que son mojones
y me río:
no todo está empapado
se reavivan
a la distancia
responden otros
titilan almenaras
chaparrones de carcajadas
azotan las pesadillas
de los que duermen en su cama
tan lejos, al abrigo
con suerte
con ecos favorables
se despierten
III
me río
se hace liviano
mi cuerpo
se hace más liviano
ya no me hace frío
adentro de la campera
y hasta me animo a andar
en patas
la tierra se amolda
a mis talones
los charcos drenan
el río se desanda
hondo
se puede respirar
en el mundo posible hay
caminos transitables
balizas tímidas y cálidas
besos encendidos
por amigos
aún inexplorados
(publicado en Revista Pasajes, nº1 año1)