Quiero
expresar mi solidaridad con Susana Trimarco[1].
Abrazo a Susana en este momento de dolor y de búsqueda. Abrazo su causa. Pido justicia y aparición con vida de Marita y de todas las mujeres, niñas y niños
que están siendo esclavizados y explotados sexualmente. Pido Juicio y Castigo
para todos los responsables.
Los
desaparecidos de hoy son las víctimas de trata. Son pobres, mujeres y niños. Causas
políticas. Marita Verón está desaparecida por ser mujer: ésa es una causa política.
Históricamente,
las mujeres hemos/han sido usadas como moneda de intercambio para sellar
acuerdos entre familias, explotadas como mano de obra barata dentro de las
casas y en los trabajos; incubadoras, trofeos de guerra, objetos del derecho de
pernada. La violencia sobre los cuerpos femeninos se ha usado como
disciplinamiento de la mujer y como mecanismo de afrenta hacia sus
“propietarios” varones. Los cuerpos femeninos han sido tapados y acusados de
indecentes; o desnudados para recreación; han sido amputados y ablacionados. No
hemos/han tenido apellido propio, su identidad ha estado sujeta a padres y
maridos. Hubo un tiempo particularmente oscuro en la historia en que aquellas
mujeres que se rebelaban y ejercían libremente su sexualidad y su derecho al
conocimiento, eran vejadas por los “santos” varones que se sentían ofendidos
por su conducta, acusadas de brujería y quemadas vivas. Fue el tiempo del mayor
sexocidio de la historia.
Pero
siempre, desde que las sociedades patriarcales se instauraron, el rol femenino ha
sido la subordinación a las necesidades, caprichos y deseos de esas sociedades
y de sus tutores varones. Rebelarse a ese confinamiento siempre tuvo un costo
muy alto: se paga con la marginación, la violencia sobre el cuerpo y con la
vida. Desde Hipatia hasta las musulmanas que se atreven a manejar, la “hijas de
Lilith" son brutalmente castigadas.
En este
contexto misógino, la trata de mujeres no es algo nuevo. Las famosas
“francesitas” que pueblan nuestros tangos eran generalmente polacas pobres que
venían engañadas, a casarse con aquellos que después resultaban no ser maridos
sino cafishos. Se la llamó “trata de blancas” para diferenciarla de la trata de
negros, en un tiempo en que todavía parecía que la gravedad del delito variaba
según la etnia de la víctima. Todavía en numerosos ámbitos, intelectuales
incluso, seguimos escuchando esta expresión racista.
Actualmente,
junto con los avances tecnológicos y comunicacionales, las redes de trata han
alcanzado globalidad y complejidad. Se han extendido y operan en ese espacio
que es a la vez oculto y visible. Oculto para una sociedad que no se mueve en
esos círculos y está dispuesta a no enterarse. Visible para todos aquellos que
tienen los ojos abiertos y están dispuestos a enfrentar la realidad más cruda
imaginable.
Para que
una red de trata de las magnitudes actuales pueda operar, debe haber
connivencia policial, judicial y política. Se necesitan “mecanismos para la
implementación delictiva como pistas de aterrizaje, fronteras sin radarización,
complicidad en la alteración de documentación y de controles migratorios, etc”[2]. No se trata de tres ni
quince delincuentes sueltos. No se trata de trece perversos. Se trata de mafias
organizadas a nivel mundial con fuertes enraizamientos locales.
¿Y qué
pasa con los “clientes”? ¿Dónde están los miles de “usuarios”?
Consumir a
una mujer es violación, señor “usuario”. No importa que haya pagado. Consumir
pornografía infantil y violaciones filmadas, también. La pantalla que lo separa
del hecho no lo exime del crimen: Sin cliente no hay trata. Si usted se considera
un buen tipo, ¿cómo justifica esto? ¿Cómo justifica usar una vagina para descargarse
en ella del mismo modo que lo hace en un inodoro? ¿Cómo justifica la violencia
que ejerce sobre alguien que no está en situación de negarse o defenderse? ¿Cómo
justifica sus abusos y su complicidad?
Es
necesario poner fin a estos crímenes aberrantes. En lugar de eso, ayer escuchamos
un fallo que nos llena de estupor, de vergüenza, de horror, de indefensión. Un fallo
escandaloso de un poder judicial corrupto, vetusto y con tufo rancio. Las miradas
del país y del mundo estaban puestos en este fallo y el mensaje que estos
jueces envían al mundo es que en Tucumán y vastas zonas de la Argentina hay un
paraíso criminal, una zona liberada. No les importa nada. Exponen su impunidad
con una violencia que afrenta a toda ética y toda sensibilidad. Cabe preguntarse
qué los motiva, cómo se vinculan estos jueces con esas mafias, cuál es su grado
de participación: ¿hacen la vista gorda? ¿son parte del proceso? ¿son “clientes”?
Cabe preguntárselo para estos jueces en particular, aunque sabemos que jueces,
policía, políticos, barras bravas y narcotraficantes están enmarañados en este
negocio infame. Sabemos que droga y mujeres se venden juntas, se trafican
juntas, se envasan las unas en las otras otras. Sabemos que el negocio de la
violencia necesita a los perejiles que se ensucian las manos, a los matones, a
los burócratas.
Ayer,
cuando ví la noticia creí que era mentira, que un forro había hecho un mal
chiste, pero no. Y no sé qué me sorprendió tanto si escucho hoy que hubo una
testigo que se negó a testificar porque uno de los jueces era “cliente” del
cabaret donde la sometían.
Pero la
única lucha que se pierde es la que se abandona. Es necesario redoblar la apuesta.
Hay que discutir y redefinir la estructura judicial, es muy cierto. Pero también
es necesario, desde los otros dos poderes, destinar más energía al desmantelamiento
de las redes mafiosas y las complicidades institucionales. Ajustar los
mecanismos legales, penalizar a los clientes; darle una vuelta de tuerca a la
ley de trata que si bien es un avance, es bastante tibia; generar instancias
institucionales que puedan actuar e investigar de oficio. Hay que modificar el
código penal, para que los crímenes que atentan contra la vida y la integridad
física y psíquica, sean considerados con la gravedad que merecen; que nunca es
comparable a los delitos contra la propiedad privada.
Es necesario
discutir y legislar la prostitución: una discusión compleja que tenemos en
deuda como sociedad. Proteger a quienes la ejercen e incluirlas en los derechos
laborales. Descriminalizar a las prostitutas y poner la mirada en quienes las
explotan. Cuidar su edad y su salud, protegerlas del maltrato policial. Y sobre
todo, en mi opinión, implementar políticas tendientes a abolirla. Sé que hay
distintas opiniones entre quienes practican la prostitución, pero lo cierto es
que no se “elige” esa actividad sino a través de una serie de condicionamientos
familiares y sociales. Ninguna mujer nace para puta. Considerar que algunas
mujeres deben tener un rol social marginal y destinado al servicio, recreación
y descarga de violencias masculinas implica una mirada utilitaria sobre el
género femenino, supeditado al masculino. Ceer que estas pobres, pocas mujeres
cosificadas funcionan como amortiguadores sociales para “calmar las urgencias
masculinas” y para menguar la violencia sobre las otras mujeres, implica que el
sistema patriarcal y la violencia machista son inevitables, que son parte de la
“naturaleza” del hombre. Implica perder la esperanza en el género masculino y
me niego a eso.
Es
necesario mejorar la prevención, llevando información a las mujeres más vulnerables,
aquellas más pobres, menos alfabetizadas y que viven en los lugares más inaccesibles
de nuestra Argentina profunda[3],[4]. Es necesario educar y fortalecer
el respeto mutuo en los futuros hombres y mujeres. Es necesario que muchos
hombres de hoy (y también muchas mujeres, lamentablemente) aprendan a respetar
la subjetividad femenina. Es necesario generar conciencia en los “clientes”,
fortalecer los lazos solidarios en toda la sociedad y mejorar la accesibilidad
a los mecanismos de denuncia.
Si sabés
algo, denuncialo al gobierno a través del INADI, a la fundación María de los
Ángeles (Marita Verón) o a cualquier organismo serio que se dedique al tema. Tu
silencio es cómplice, tu denuncia es anónima.
INADI: 0800-999-2345
Fundación Marita Verón: www.fundacionmariadelosangeles.org
[1] Parte de este texto fue redactado para un documento de
HIJ@S-Regional La Plata y se publicó en febrero de 2012 cuando comenzó el
juicio.
[2] “Enfoque de género y Derechos Humanos en el tema Trata y Tráfico de
Personas: Una mirada socio-histórico-cultural”, Graciela Vargas; art. publicado
en “Se trata de nosotras”, comp. M. M. de Isla y L. Demarco. Ed. “Las Juanas
Editoras”; 2009; pág 30.
[3] “Entre la mujer francesa o polaca de principios del
siglo XX, y la mujer paraguaya, misionera o dominicana del siglo XXI hay una
diferencia (…) respecto al traslado: las primeras venían para casarse, las segundas
para trabajar. En las falsas razones (…) que motivaron el traslado, está la
marca del momento histórico en que ocurrieron (…) comenzaron a ser ellas mismas
migrantes autónomas.
(…) en el reclutamiento de mujeres para explotación
sexual, los logros e indicadores de independencia son el anzuelo del reclutador
[llamada:
esta es una de las modalidades de reclutamiento. Otra modalidad a cargo del
proxeneta histórico es el ‘enamoramiento’].
(…) existe una diferencia clave entre una mujer migrante
‘libre’ y una mujer migrante que devendrá víctima de la trata: las primeras
financian con sus propios y reales recursos (…) su traslado; en tanto que las
segundas siempre y en todos los casos se endeudan con un tercero desconocido.”
“Partidas, tránsitos, destinos. Una mirada sobre la
dominación y el comercio sexual”, M. Inés Pacecca; op.cit. pp 24-25.
[4] (…) el secuestro es el método más violento y menos
frecuente. Por lo tanto el que más riesgo tiene para los grupos mafiosos. La
forma más común de captar chicas es prometiéndoles un trabajo en otra provincia
(…). Generalmente les retienen los documentos para alterar su identidad y poder
venderlas de grupo en grupo, ya que ante un allanamiento pueden alegar que son
mayores de edad y que están prostituyéndose por voluntad propia”
“Testimonio de Susana Trimarco”, op.cit.; pág. 156
1 comentario:
Habrá justicia, me resulta difícil hacer otro comentario. Estoy de acuerdo con lo planteado en la nota, más allá de todas las justificaciones y-o la prudencia de algunos respecto de que es un veredicto no un fallo, tema pruebas etc. La gente sensible (solo eso hace falta) ya se expresó en las calles, no necesita conocer todos las cuestiones técnicas para saber que esto es injusto.
Comparto la slidarización con Susana Trimarco, y con todos-as los que luchan por justicia, sea en estas cuestiones como en tantas otras situaciones de opresión y sometimiento a condiciones de vida no elegidas y no dignas.
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