A propósito de la noticia que con tanto estruendo ha repercutido en los
medios en los últimos días, referente al uso de métodos artificiales para
provocar la lluvia, y que su periódico ha ampliado con algunas digresiones con
miras a los Juegos Olímpicos del 2008, me permito, como ciudadana mongólica,
acercar a este medio algunas reflexiones con una mirada diferente.
Para empezar, y como nota aclaratoria, veo una falta de respeto en las
referencias de su diario a las Olimpíadas, con el solo objetivo de extender el
artículo para que no se perdiera en la hecatombe de noticias. Cuesta creer que
una persona inteligente pudiese pensar tan sólo por un momento que en un país
(y más aún tratándose de China), la sequía y las tormentas de polvo preocupen a
los jardineros y a los organizadores de eventos más o menos remotos, más que a
los ministros de hacienda y agricultura, pero sobre todo a nuestros famosos
artistas y artesanos.
Si bien la estética paisajística y ciudadana ha ocupado siempre un lugar
importante en nuestra cultura, no es ella la que ha definido nuestras políticas
futuras con respecto al diseño y planificación climáticos, ni a la
investigación y desarrollo de nuevas técnicas de lluvicultura, solicación y
primaveranización, y de tecnologías de primera línea destinadas a estos
tópicos, sino las demandas del bambú cuyas artesanías tantos beneficios nos
reportan.
De hecho, el reciente proyecto del Ing. Ny Ming Chao incluye la
construcción de nubes a partir de vapor de agua canalizado desde Shangai y Hong
Kong hasta Ulan Bator, pasando por Pekín para crear zonas muy húmedas dedicadas
al cultivo de la caña (y al arroz en menor medida). Esto, complementado con el
proyecto del Maestro Lao Tsu Tieng de ampliar nuestro territorio hacia los mares
Amarillo y De La China mediante la construcción de una única Gran Balsa de
Bambú, nos permitirá acomodarnos en nuestro territorio con una leve mayor
comodidad. No tenemos grandes pretensiones al respecto, pero esto acallará por
un tiempo los conocidos rumores y temores sobre expansiones extraterritoriales.
Quizá el lector común se pregunte cuál es nuestro interés en
desacreditar dichos rumores, a ese distraído lector le diré que nuestras
comunes nubes no tienen más que agua común y sin embargo ciertos sectores las
hallarán tóxicas y contaminantes, empetroladas o demasiado comunes si persisten
los rumores amenazantes; por eso preferimos bombardearlas nosotros mismos antes
de que nos lluevan correctivos extranjeros. La extensa difusión de una noticia
que no tiene absolutamente nada de nuevo (no olvidemos que la técnica no es novedosa
y se usa ampliamente a nivel global), parece obedecer más bien a la silenciosa
pero también globalizada consigna de "Basta de polvo en la China",
pugna occidental que se reproduce y asusta a los chinos tanto como el exceso de
polvo por sequía en vehículos y vía pública chinos puede asustar a chinos y no
chinos.
De modo que el gobierno pequinés, viendo la acechanza canina de
occidente, y perdiendo la paciencia con este tema de la lluvia que nos ha
tenido en baile desde siglos, ha decidido tomar el wok por el mango y darle una
sacudida al cielo que, al fin de cuentas, es menos de temer que nuestros
vecinos transpacíficos.
Chang Li
Meteoróloga mongólica
(Inmigrante nº 1.234.345.782)
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