miércoles, 17 de agosto de 2011

Carta Abierta de una HIJA por la muerte de Virginia


Se suicidó Virginia. No hay una manera delicada de contarlo ¿Cómo animarse a decirlo sin cortajear el aire alrededor?¿Cómo ponerlo en palabras sin evocar la nube negra?¿Cómo ponerlo en silencios sin sentir sobre la espalda el peso de cada ausencia? Así lo escribí hace mucho:
sobre la espalda
el peso logarítmico de cada muerto
el lastre acumulativo de cada (              )
con sus fantasmas
blancos, de interés compuesto
con sus fantasmas
blancos de propaganda de jabón

Gusto a jabón pudriéndose en los vertederos, es lo que siento hoy en la boca. Otra vez me siento así:
si
cerrara
esta enciclopedia del ultraje
me transportara
al parque la plaza
a las risas infantiles

rebobinara un cachito
o casi todo
reseteara
fuera todo lo que envidio
tuviera todo lo que siento en falta

fuera
sin ser espejo ni reflejo ni fantasma ni bandera
sin los muertos que me habitan
sin los ojos que llevo tatuados
fuera la que no esperan
no la que hanme modelado a su medida

¿y entonces?

(a flor de piel tetánicas, centrífugas heridas)

No la conocí, pero nos hermana la historia que compartimos. Qué abrumada se habrá sentido. Pienso en su abuela, pobrecita vieja, qué haremos con ella? Pienso que esa mujer es responsabilidad de todos nosotros, pienso que un abismo de dolor la recorta y la separa de estos corazones que queremos abrazarla. Pero llego y el olor a flores del velorio me remite a tareas infantiles del día de la primavera. Y ahí está Delia, hospitalaria, jovial, sosteniendo y conteniendo a quienes la saludan. Diciendo que nos tiene a nosotros. Pensando en Martín, el nieto al que busca. Siguiendo.

Y en medio de tanta amargura, una no puede dejar de pensar en aquellos que nos dicen que nos dejemos de joder, que vivimos en el odio y el resentimiento; que ‘lo que pasó’ —no dicen ‘lo que hicieron’, dicen ‘lo que pasó’ como si fuera una desgracia huérfana de autores—, pasó hace mucho. ¡Una mierda pasó! Son las mismas personas que se apuran a comprar pistolas para proteger de ‘los negros’ sus (magras o cuantiosas) posesiones. Yo les digo, señores, no se puede vivir en el dolor, en la soledad en que nos deja la injusticia, en el no-lugar en que nos pone el silencio. No se puede.
Esos periodistas que hablan de reconciliación, se olvidan de que hablan de personas. Personas que quedaron en el camino, sobrevivientes, víctimas que estamos acá. Que seguimos transitando pasillos, golpeando puertas, teniendo que explicar una y otra vez cómo fueron las cosas. Explicando —¡¿de verdad es necesario explicarlo?!— por qué no queremos cruzarnos con los asesinos de nuestras familias en el súper.
Otra vez nosotros otra vez nosotros otra vez.
Personas que nunca supimos qué es eso de la seguridad porque nunca pudimos sentirnos seguros y contenidos.

Pasé la noche soñando con “deshacer” (como en la compu) esta tragedia. Retroceder unos días en el tiempo, buscar a Virginia, abrazarla, decirle que Martín —su hermano apropiado— anda por ahí y que vamos a encontrarlo a tiempo para que los abuelos lo conozcan. Pero ¡la puta madre! No se puede deshacer. Virginia es ahora un agujero. Habrá que pensarla viva y alegre cuando logremos des-apretar los dientes, pero seguirá siendo un agujero.
Me suena a poco despedir a Virginia con la promesa de seguir buscando a Martín. Porque mientras buscábamos a Martín, se nos perdió Virginia —dice Mariana Eva Pérez en el diario de Saladillo—. Ya no habrá justicia, nunca, aunque Martín se encuentre. Cabe preguntar quién estaba desaparecido, quién desaparece cuando el Estado secuestra, tortura y mata en la clandestinidad. Que me digan ahora que los hijos son la segunda generación de afectados o que son portadores de una ‘post-memoria’, categorías extrapoladas del Holocausto que sólo sirven para evitar pensar en el alcance directo del accionar genocida sobre los hijos”.
El daño que nos hicieron no sólo es irreparable, también es inconmensurable y hoy queda expuesto con la muerte de Virginia. Perdura en nosotros y en nuestros hijos. Perdurará como daño histórico, como daño colectivo. Cada asesino, torturador, cada cómplice civil; cada culpable libre es una afrenta para todos. Y cuando digo todos, digo todos. “Su muerte es también un crimen imputable a los genocidas", dijo E.Luis Duhalde, el secretario de Derechos Humanos. Sólo la justicia podrá exorcizar tanto desamparo y dejará que empecemos a cicatrizar. Justicia para Virginia, para Martín, para todos nosotros. No podemos permitir que otra hermana se nos muera de tristeza. Nunca Menos, pero otra vez Nunca Más. La salud de nuestra sociedad depende de eso.
Abrazo a su familia.

esta noche que nos ha tocado
I
la lluvia
borroneó la tiza
y dónde estaban
tierra y cielo
se me perdieron otra vez
las cosas:
ahí
se sentaba un hombre
que me sonreía
solía haber una viejita que
plantaba mojones
tatuados
con la rosa de los vientos
falta una nena
que me tiraba de la manga
ese
desconocido que está allá
era mi hermano
chillan
se me encabritan los muertos
bajo el río
presiento el campo retorcido
y lleno de acechanzas

tendré que hundir
el cuello en la campera
y abrir bien los ojos
subo el cierre hasta la nariz
meto las manos en los bolsillos
y encaro

volvió a mover
las piezas
el que dispone
mi tablero


II
materialista y occidental
concreta

una veleta
chirriante en la tapera
anuncia fija
siempre la sudestada
a las cuatro y media
del día que se inicia

y hay
que ponerle
el pecho al aguacero
no queda resto
para buscar otras orillas

no hay
más eternidad que en las gametas
ni más vuelta que la primera
ley de la termodinámica

intuyo
los cuerpos que van
emergiendo
a la superficie
los que asoman a los
espejos de los charcos
intuyo las algas
enredadas
en los dedos que me rozan
los tobillos

forma degradada de energía
el calor se disipa

vos sabés para qué
sirven los fosforitos
protegidos
por la palma de una mano:
convierten en metano a la luz mala
agujerean la bruma
preludio del amanecer
que después del chubasco
levita los campos enfangados

chapoteo y veo
que es tarde: amanece gris
el agua ya
me enfrió las zapatillas,
como quien se olvidó de
destender la ropa
corro
a atizar esos otros
fueguitos que son mojones
y me río:
no todo está empapado
se reavivan
a la distancia
responden otros
titilan almenaras
chaparrones de carcajadas
azotan las pesadillas
de los que duermen en su cama
tan lejos, al abrigo

con suerte
con ecos favorables
se despierten


III
me río
se hace liviano
mi cuerpo
se hace más liviano
ya no me hace frío
adentro de la campera
y hasta me animo a andar
en patas
la tierra se amolda
a mis talones
los charcos drenan
el río se desanda
hondo
se puede respirar
en el mundo posible hay
caminos transitables
balizas tímidas y cálidas
besos encendidos
por amigos
aún inexplorados
                                           (publicado en Revista Pasajes, nº1 año1)

domingo, 3 de julio de 2011

femtasmas











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dibujaba animales


…coincide exactamente con tu boca que
sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
 J. Cortázar

Ella llevaba una luna titilando bajo la piel, y unos ojos y un pelo tan negros (casi verdes) que parecía un fantasma yendo de una noche de invierno a una de primavera. Frescura y humedad de fuentes para ella. Es imposible no pensar en Rosa, la que engendraba en sus manos, a fuerza de conjurarlos con aguja e hilos, bestiarios poco ortodoxos para sus ajuares.
Él, no sé por qué me evoca irlandeses detrás de un gato, y como un eco: irlandeses detrás de un gato. Un poco, creo, porque la idea misma es tan provocativa como un bestiario mitológico, y otro poco porque él era así, como en los cuentos: un chico de internado, flaco, alto, desgarbado, con rodillas huesudas a mitad de camino entre las medias y los pantalones cortos, con la piel tostada de travesuras y fugas una temporada, con la piel pálida de punitorios la siguiente. Pastizales, incendios veraniegos para él, y destellos de otoños precoces.
Todo negro, verde y estrellitas era su mundo, el de ella. Y todo sol, tapias, ferias y gomeras el de él. Sus sombras no estaban destinadas a solaparse ni siquiera por un cruce efímero, ni siquiera bajo el amparo de otras sombras techunas que las desdibujaran.  Tuvieron que andar otros caminitos más oníricos para encontrarse. Tuvieron que pisar el rocío que desparraman las hadas.
Por callecitas se iban acercando.
Entonces no había preceptor que fuera suficiente. No había didáctica ni pedagogía ni golpes de puntero. Sin darse cuenta, sin proponérselo, dibujaba animales durante la lección. Cuerno, garra, ala membranosa. Artejo, mandíbula, ojo falso. Escama, aleta, color aposemático. Cresta, buche, pelaje suavísimo.
Cada trazo coincidente, un paso. Un paso y otro y otro y otro.
La pluma se funde con la hoja, la hoja se transparenta en ventana, la ventana se adelgaza entre sus caras, las caras son una y la misma. Ya no hay lados, sólo un plano infinitamente delgado, infinitamente improbable, en el que todo es posible.


.

mosaico de una mujer con sombrero

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infladas barbies mamushkas


la tele pasó
del magazín a la revista y de
la revista al book. Pantaleón Presenta
a sus visitadoras piponas de colágeno 
y silicona, rellenas de veneno
sin eufemismos, el botox es
─no dudo─ moda efímera
me volveré obsoleta ─ya sé─
por nombrarlo pero, oh
generación futura que no
me leerás, tómate la cápsula del tiempo
yo te lo cuento: aplicaciones subcutáneas
de toxina bacteriana paralizan
de manera controlada los músculos faciales
impidiendo que se marquen las arrugas
de expresión: ¡no fruncirás
los ojos cuando rías, ya no podrás
plegar el entrecejo al enojarte!
me volveré obsoleta, sí, caducaré
pero no caducarán sus prótesis
cómo lucirán cuando carroña
¿sentaráles bien la muerte? todo vale
for ever young en otro canal
te muestra el proceso: una cubana
que huyó de la isla y duerme
el sueño americano, viene de tour
quirúrgico ─el cambio favorece y
son buenos los doctores─ un cirujano
le dice sí, efectivamente
tenés la nariz un poco ancha
te vamos a sacar hueso de los lados
le dice a una vieja loba
sí, tenés caída la colita
pondremos un tensor que la levante
¿cómo querés la vaginoplastía?
hay que achicarte labios, don’t worry
te vas manejando, te podés sentar.

busco un espejo, descubro
que tengo los párpados caídos,
la nariz asimétrica, la boca demasiado
fina, las cejas demasiado gruesas
la pera demasiado escasa, un ojo más chico
las lolas virolas, debería ponerme
ortodoncia, dios mío
las manchas de la piel, debo estar
llena de esas que no se ven ¡pero gorda!
me dice mi marido ¿cómo
manchas que no se ven? no lo oigo
se me atoró el apelativo
¿lipoaspiración? recuerdo a hitchcock
presentando un corto, llenaban tanques
succionaban el cebo de una mina.

vuelvo al show del fiolo, es tranquilizador
pensar en otra cosa mientras
me paso el gel de las estrías, las
visitadoras veteranas
evalúan y aconsejan
a las aspirantes y novicias pero
seamos francos tienen poco que aprender
yo tomo algunas notas. un periodista
las da vuelta, comprueba su dureza y
su textura, señala  cada parte
pide primer plano, les pregunta
si son decentes si tienen
celulitis y empezamos otra vez
mejor me duermo ¿es tarde o
me están anestesiando?


.

sábado, 2 de julio de 2011

ensayo de perspectiva y lenguaje visual en un pesebre de dogville


de espalda
camisa desencajada
pantalón caído sobre las rodillas
sus redondeces voluptuosas
exultantes
chorreantes de gotas de sudor y semen
tan potentes, emanan salobres del papel
las piernas entreabiertas
los puños crispados
un cowboy batiéndose con la muerte.
estampita de la inminencia

telón de fondo
empequeñecimiento cónico
torcidos
en líneas quebradas
hacia el punto de fuga:
los despojos

un giro de la lente

de frente
la agitación, la cara colorada
el elástico del calzoncillo
los bamboleos de la panza
los brazos en jarra por momentos
un suspiro quejumbroso, autoritario
el rostro severo de un protector severo
el rostro indolente del que
simplemente
cumple su deber, hace docencia
prendiendo el cinto:
estampita de la violencia

muy cerca, a la derecha, prometiendo luz
y aire menos rancio:
la puerta

pero afuera sin sol
afuera consolas, spots, senitales
y palcos
y confesionarios sin ventiletes
y baños a cielo abierto
y caminos de sólo llegada


.


¿no te parece que ciertos perros
son accesorios de belleza femenina?
─comentó una vez María Victoria─,
yo ví a una señora de belgrano-erre
desenroscar su cartera de un chihuahua
(lo traía colgado del arnés).

parece que podría funcionar muy bien
una inversión de géneros, pensá
¿nunca te dijeron perra?
si fueras más delgadita ¡qué práctica
serías para el bolsillo del caballero!


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