siempre podés resistirte a ceder ante la modelación del mundo
envejecer con dignidad
irene behrens
pero el sonido del reloj ahogó el latido de nuestros corazones.
Dijiste ‘No puedo irme: todo lo que vive de mí
está aquí para siempre’.
K. Mansfield, El Encuentro
Me siento, abro el libro y presencio el último encuentro entre Ida y Katherine.
Cuando me subí a la carreta fue para ir a verla. Me bajé en el lugar señalado con el monolito máximo, el gran falo que se yergue en el punto álgido de la urbe. El punto del reloj que mueve las agujas donde siempre es tarde, donde siempre ay que correr.
Me temblaba el corazón con esa mezcla de alegría amarga, saboreando la despedida antes de siquiera haberla abrazado.
Me esperaba con limón, menta y jengibre, olvidada del calor, se abanicaba con las manos. Me llamó la atención su vestidito, diría de villela, pero seguro era algodón, era verano. Celeste, con florcitas y frunces en las mangas; lo supuse sueco. Ella no lo supo, pero al traer ese vestido, trajo a la abuela que se sentó a mi lado (sólo un ratito, se esfumó cuando compartimos la primera ironía, a los cinco segundos de abrazanos).
Nos contamos las cosas como siempre, las muchas cosas que pasaron en todo el tiempo que estuvimos lejos. Y como siempre, nos reconocimos sin dudarnos, como quien recalienta el café de ayer para continuar una charla suspendida por el sueño.
Miro fechas: hace 15 años inicié este blog y hace 5 que no lo toco. Nunca fui metódica ni profusa en las publicaciones. Mucho menos, regular. Miro la foto del fondo: ya no viajo en colectivo, ya no existen los celus con tapita. Cambió mi economía, mis perspectivas, mi trabajo. Transito lugares que no había imaginado.
La escritura para mí tiene algo adictivo, es por eso que cuando me abstengo, me abstengo. Pero cuando las compuertas contienen caudales poderosos, en algún momento deben abrirse. En estos tiempos pasaron muchas cosas (sobra decirlo), cosas que nos cambiaron a todes para siempre. En mi caso, se sumó la muerte de mi vieja, un momento bisagra en la vida. Y necesité escribir, otra vez.
Empecé con un cuadernito que había sido de ella y después seguí con otro mío. Me reencontré con la escritura, catártica primero, poética después. Encontré un espacio que me contiene, una editora con gran ojo clínico y un grupo maravilloso. Así que acá estoy, produciendo mucho, pensando en publicar y reactivando este espacio un poco obsoleto (¿quién bloggea en estos días?).
De a poco le cambiaré la cara y empezaré a compartir algunas notas de escritura, algunos versos, algunas fotos. Hoy, probablemente no haya nadie del otro lado, leyendo. Hablo para mí.